No solo dictas la lección del día,
ni guardas el saber en un estante;
tu voz es el cincel que constante,
va modelando el alma y la alegría.
Con la paciencia de un reloj de arena y de la marea en el día,
enciendes una luz en la mirada;
frente a la pizarra iluminada,
el porvenir del mundo se moldea,
Con cada palabra expresada.
Eres puente, timón, mano extendida,
y la brújula que apunta hacia el mañana,
guiando cada vida para éxito con alegría.
Tu siembra y amor constante
se queda para siempre en nuestra vida,
haciendo que nuestro camino
sea menos sinuoso y lleno de energía.
Gracias, maestro, por el noble empeño,
por dar las alas y cuidar el vuelo,
por enseñarnos a mirar al futuro
y convencernos de alcanzar nuestros sueños.
¡FELIZ DÍA QUERIDOS MAESTROS!
Escrito por: Cándida Rosa Corado

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