Las Manos de un Gigante
por la sombra que proyecta en el camino,
sino por el abrazo firme y constante
con que sujeta con amor nuestro destino.
Tus manos, papá, son mi refugio,
tienen la fuerza del roble en la tormenta
y la paciencia del sabio
y sutil dibujo que la vida
con esmero nos presenta.
Me enseñaste a mirar hacia el mañana
con la frente muy en alto y sin temores,
a buscar la verdad que nos sana
y a pintar los días grises de colores
desafiando con valentía los temores.
En tu voz encontré la calma pura,
un consejo certero en el desvelo,
un faro de fe que apunta siempre
con amor al cielo,
En tu voz encontré el verdadero amor
que guía mis pasos cada día.
Gracias, papá, por ser el norte claro,
por tus silencios que también educan,
por ser el puerto, el guía y el amparo,
en este viaje donde los años nunca caducan y en mi corazón se guardan tus abrazos, tus consejos y tu amor que me hacen sentirme seguro ya que tengo las manos de un gigante a mi lado.

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