jueves, 25 de junio de 2026

Las Manos de un Gigante


Las Manos de un Gigante

No se mide el tamaño de un gigante
por la sombra que proyecta en el camino,
sino por el abrazo firme y constante
con que sujeta con amor nuestro destino.
Tus manos, papá, son mi refugio,

tienen la fuerza del roble en la tormenta
y la paciencia del sabio 
y sutil dibujo que la vida
 con esmero nos presenta.

Me enseñaste a mirar hacia el mañana
con la frente muy en alto y sin temores,
a buscar la verdad que nos sana
y a pintar los días grises de colores
desafiando con valentía  los temores. 

En tu voz encontré la calma pura,
un consejo certero en el desvelo,
un faro de fe que apunta siempre
 con amor al cielo,

En tu voz encontré el verdadero amor 
que guía mis pasos cada día.
Gracias, papá, por ser el norte claro,
por tus silencios que también educan,
por ser el puerto, el guía y el amparo,

en este viaje donde los años nunca caducan y en mi corazón se guardan tus abrazos, tus consejos y tu amor que me hacen sentirme seguro ya que tengo las manos de un gigante  a mi lado.

Maestro




No solo dictas la lección del día,
ni guardas el saber en un estante;
tu voz es el cincel que constante,
va modelando el alma y la alegría.

Con la paciencia de un reloj de arena y de la marea en el día, 
enciendes una luz en la mirada;
frente a la pizarra iluminada,
el porvenir del mundo se moldea, 
Con cada palabra expresada. 

Eres puente, timón, mano extendida,
y la brújula que apunta hacia el mañana, 
guiando cada vida para éxito con alegría. 

Tu siembra y amor constante
se queda para siempre en nuestra vida, 
haciendo que nuestro camino
sea menos sinuoso y lleno de energía.

Gracias, maestro, por el noble empeño,
por dar las alas y cuidar el vuelo,
por enseñarnos a mirar al futuro 
y convencernos de alcanzar nuestros sueños. 

¡FELIZ DÍA QUERIDOS MAESTROS!

Escrito por: Cándida Rosa Corado

Dedicado a profesor Mario René Urías Castellanos

 Dedicado al Maestro Distinguido Mario René Urías Castellanos


Más de cincuenta años de tiza, voz y entrega,

de sembrar en el alma de Tecpán,

un faro de luz que nunca se apaga,

el noble legado que hoy todos ven.


Con amor infinito y devoción constante,

abrió los caminos del saber y el honor,

viendo pasar el tiempo, maestro brillante,

moldeando el futuro con tierno rigor.


Vio desfilar por sus aulas generaciones 

que un día vio crecer,

hoy son profesionales de gran madera,

padres y madres de gran valer.


Aquellos niños que ayer escuchaban su guía,

hoy son el fruto de su gran vocación,

hombres y mujeres de éxito y alegría,

que llevan su nombre en el corazón.


Hoy nos unimos con profunda emoción,

para rendirle el homenaje más sincero,

al maestro que dio su vida y pasión,

al guía, al amigo, al gran caballero.


¡Gracias, Maestro Mario René, por tanto dar!

Su nombre queda grabado en la eternidad,

Tecpán Guatemala hoy lo vuelve a abrazar,

con el más alto respeto y total admiración.


Con todo mi amor y admiración 

Cándida Rosa Corado Rivera

Las Manos de un Gigante

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